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Más luz, más conciencia. El verano es una oportunidad para observar lo que duele, cultivar presencia y generar un cambio interior auténtico.

La llegada del verano: más luz, más verdad

En esta parte del continente, y especialmente en Uruguay, la llegada del verano no es solo un cambio de estación. Es un movimiento profundo, casi imperceptible, que se da tanto afuera como adentro nuestro.

Los días se alargan, la luz se vuelve protagonista y el ritmo cotidiano parece invitar a abrir ventanas, puertas y también emociones. Y así como la luz ilumina paisajes, también alumbra rincones internos que muchas veces preferimos no mirar.

El verano como símbolo de conciencia y presencia

Desde una mirada de mindfulness y autoconocimiento, el verano representa expansión, claridad y visibilidad. Cuando hay más luz, vemos más. Y eso incluye tanto lo agradable como aquello que incomoda.

La conciencia plena nos invita a observar sin juicio lo que aparece, entendiendo que todo lo que emerge tiene un mensaje para nuestro crecimiento personal.

Cuando hay más luz, se ve todo

El verano trae expansión, encuentros, celebraciones. Y, al mismo tiempo, deja en evidencia aquello que pesa: heridas abiertas, cansancios acumulados, vínculos que duelen, deseos postergados.

No es casual. La luz no discrimina. Simplemente muestra.

En este tiempo del año, lo que no está resuelto suele hacerse más visible. Lo que evitamos durante meses aparece con fuerza. Y eso puede incomodar, aunque también es una oportunidad de transformación personal y equilibrio emocional.

Las fiestas y el impacto emocional del fin de año

El cierre del año viene acompañado de festividades cargadas de significado emocional. Reencuentros, mesas compartidas, ausencias que se sienten más que nunca.

Para algunas personas, es un tiempo de alegría y conexión. Para otras, un período sensible donde emergen nostalgias, duelos o soledades.

Desde el bienestar emocional, reconocer cómo nos afectan estas fechas es un primer paso para atravesarlas con mayor conciencia y cuidado.

El mito del cambio externo: año nuevo, vida nueva

Cambiar de calendario no borra lo que duele.

Nada se transforma solo porque el año se renueva. Ningún deseo se cumple sin conciencia. Ningún proceso interno se completa sin ser mirado.

El verdadero cambio no llega desde afuera.

No viene con una fecha, una celebración o una promesa colectiva.

El cambio real nace cuando nos animamos a observar aquello que nos pesa con honestidad, autoconocimiento y amabilidad.

Mirar con amabilidad: la base del desarrollo personal

Solo cuando dejamos de pelear con lo que sentimos, podemos empezar a transformarlo.

Mirar nuestras heridas no es recrearnos en el dolor, sino reconocerlo.

Aceptar no es resignarse, es dejar de resistir.

Este proceso es profundamente individual. Nadie puede hacerlo por nosotros.

Cada persona es responsable de su propio camino de desarrollo personal, de sus decisiones y de su deseo genuino de cambio.

El verano como invitación al bienestar emocional

Este verano puede ser algo más que descanso y movimiento.

Puede ser una invitación consciente a:

  • Habitar la luz sin miedo a lo que revela.

  • Practicar mindfulness en la vida cotidiana.

  • Escuchar lo que aparece cuando bajamos el ruido.

  • Acompañarnos con más paciencia y menos exigencia.

  • Elegir conscientemente qué queremos transformar.

Porque cuando el cambio nace desde adentro, deja de ser frágil.

Y entonces sí, algo nuevo comienza.

No por magia.

Sino por presencia, conciencia y compromiso personal.

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La primavera nos inspira a florecer, recordándonos que cada proceso necesita su propio ritmo. Al igual que en la naturaleza, nuestra transformación también es gradual y única.

Primavera: el arte de florecer también en nuestro interior

La primavera llega a nuestra región con días más largos, temperaturas suaves, flores que despiertan y paisajes que se llenan de color. Es un tiempo de renovación, de volver a la vida después del invierno. Y así como la naturaleza sigue su propio ciclo, también nosotros atravesamos procesos internos de cambio y transformación.

El ritmo de la naturaleza y el nuestro

Nada en la naturaleza florece de un día para el otro. Cada brote, cada flor, cada árbol tiene su propio tiempo. Y en nuestro interior sucede lo mismo: los cambios profundos requieren paciencia, observación y un acompañamiento amable hacia uno mismo.

La gradualidad del florecer

Muchas veces queremos que todo se transforme rápido: nuevas metas, hábitos o formas de sentir. Pero al igual que una semilla que necesita tiempo para crecer, nuestra transformación también es un proceso gradual. Reconocer esto nos libera de la exigencia de la inmediatez y nos permite confiar en que estamos avanzando, aunque no lo veamos de inmediato.

Cómo nos ayudan el Mindfulness y la PNL

  • Mindfulness nos invita a estar presentes, observar sin juzgar y cultivar la paciencia. Nos enseña a vivir cada etapa de nuestro florecer con conciencia y aceptación.

  • PNL (Programación Neurolingüística) nos ofrece herramientas para reconocer nuestros patrones de pensamiento y abrirnos a nuevas posibilidades, alineando nuestra forma de pensar, sentir y actuar con aquello que queremos lograr.

Así como la primavera nos recuerda que la vida se renueva, también podemos darnos permiso para florecer a nuestro tiempo.

Si sentís que estás en un momento de cambio y querés acompañar tu propio proceso con más claridad y conciencia, podés agendar una sesión conmigo. Será un espacio para explorar dónde estás hoy y hacia dónde querés florecer. 🌸


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